La batalla estaba preparada, nuestro guerreros venían lanzados, en racha, parecía que este año iba a ser diferente, pero la HISTORIA seguía ahí diciéndonos y recordándonos dónde nos había dejado siempre.
La HISTORIA nos envió para empezar el batallón malagueño, que era un grupo nuevo que empezaba a despuntar, y que estaba siendo el vencedor en todas y cada una de las guerrillas en las que luchaba. Eran guerrillas de segunda, pero para empezar, la HISTORIA ya nos indicaba que no iba a ser fácil. Sin demasiado desgaste las tropas de Marcelino superaron este escollo.
La segunda batalla nos tocó librarla contra la tropa aragonesa. De nuevo la HISTORIA, nos quiso amedrentar y nos envió a las tropas mañas, la más temida en Hispania por su primera línea atacante. El primer contacto tuvo lugar en tierras zaragozanas, no empezaron bien las cosas, ellos aprovecharon un error en la retaguardia y nos dejaron tocados.
Pero la HISTORIA este año debía ser diferente y el destino no podía sernos siempre esquivo. Así en un momento de descuido, las tropas cántabras comandadas por el Coronel García Toral enviaron a su soldado Serrano, el soldado más rápido de nuestro batallón, para dejar a los contrarios aturdidos y permitir al capitán Garay el honor de igualar la batalla.
No acabó allí la segunda batalla, y las tropas aragonesas fueron emplazadas a visitar Cantabria para decidir el ganador. Vinieron confiados y empezaron dando primero, pero aquí los bravos soldados cántabros no se encontraron solos en dicha lucha. Poco a poco nuestras tropas fueron comiéndose a su rival y atacando por todos los flancos consiguieron de nuevo que la batalla se ganara, y que de nuevo la bandera racinguista ondeara por encima de la de sus rivales.
Cuando aún no se había podido disfrutar lo suficiente la victoria la HISTORIA nos envió a una de las tropas que más nos había hecho sufrir históricamente y que más éxitos había logrado en este tipo de luchas. Pero los guerreros cántabros no se iban a dejar amedrentar, se pusieron sus trajes de guerra, se pintaron la cara de verde y blanco, les miraron a los ojos y les dijeron ¡!este es nuestro año, es nuestra ilusión y no podrás arrebatárnosla!!
El resto de Cantabria se volcó de nuevo con sus luchadores y en la primera de las batallas, en La Montaña, 14 jabatos y 22000 almas consiguieron dejar a su rival muy tocado y preparado para morder el polvo.
La tropa vasca, acostumbrada a luchar y a no dar nada por perdido, hizo todo lo posible por evitar el apoyo del pueblo cántabro, amuralló el campo de guerra y decoró todo con los colores rojo y blanco. Pero a pesar de las dificultades, 300 racinguistas-espartanos se pudieron colar en dicho campo y con sus cánticos y sus ánimos representaron a los miles de cántabros que esperaban en la frontera dispuestos a derribar los muros que la HISTORIA nos pusiera.
La batalla no pudo empezar peor, los gladiadores cántabros comenzaron la lucha agazapados, esperando su ocasión, pero empezaron a dar muestras de cansancio y las bajas iban cayendo en el cuadro montañés. Todo se ponía en contra, la HISTORIA, nos avisaba de nuevo que habíamos llegado a nuestro tope, pero de repente, cuando el desánimo reinaba en las tropas cántabras, nuestro ejército miró al unísono a su Coronel García Toral y se dieron cuenta que a para ganar a la HISTORIA hay que ir a ella, no esperar a que ella te marque el destino, esta vez el destino y la HISTORIA teníamos que escribirla nosotros con sangre verde y blanca.
De repente un serrano vendaval apareció por el flanco izquierdo y dejó su espada al teniente Aldo Duscher, que aprovechó la distracción ocasionada en sus enemigos para dar la primera puntilla a sus rivales.
No se vinieron abajo las tropas vascas y , de forma ilegal según las leyes escritas en la guerra, volvieron a alzar lanzas y sus cabezas volvieron a mirarnos desafiantes.
Pero de nuevo, y con las fuerzas muy justas, los cántabros no se amilanaron y aguantaron la mirada a las tropas vascas y a la HISTORIA y les dijeron ¡¡ HOY ES NUESTRO DIA, HOY NADIE PODRÁ CON NOSOTROS!! y no se atrincheraron, fueron al ataque directo, al cuerpo a cuerpo, y ahí apareció el león africano Tchité, que venía después de luchar en otros países como Ruanda, Congo, Burundi y Bélgica, y que llegó justo a tiempo, en el mejor momento posible, para dejar a las tropas rivales y a todo su pueblo tocado de muerte.
Al final, la puntilla corrió a cargo de nuestro soldado más rápido que clavó su espada en el centro del corazón de todo un pueblo, que vio como la bandera racinguista quedaba de nuevo en pie en mitad del campo de batalla.
Todo el pueblo cántabro salió de sus casas y celebró por todo lo alto la victoria de sus guerreros, nadie quería perderse este momento. Al final la HISTORIA, y de forma merecida, la escribimos nosotros..…pero el Coronel García Toral al terminar la batalla, con algunos de sus soldados aún heridos de gravedad y otros con lágrimas en sus ojos, giró su cabeza, miró al cielo y cuando la HISTORIA desaparecía entre la nubes, la gritó ¡¡ NO HUYAS, LA GUERRA AÚN NO TERMINÓ, NOS DEBES MUCHO, SEGUIMOS TODAVÍA EN PIE, Y AUN QUEDA MUCHA SANGRE VERDIBLANCA QUE DERRAMAR!!!
¡¡LA GLORIA NOS ESPERA!!